Mis relatos “A Ghost Story”

BRUNO  Y GALA

 

La historia de esta fotografía, evidencia el sentido mas aproximado de la palabra “amor”.

Bruno y Gala se muestran en una pose de corazón colmado y haciendo un inventario de sueños, que a borbotones pintan mapas de un “todo es posible”. Tiempos de sol y bollitos de miel comprados en la esquina de la 23, que mordisco a mordisco, se deshacían frente al péndulo de un ocaso majestuoso y unas farolas listas para iluminar futuros.

 

DESTINO

 

El eufemismo de la palabra muerte, podría ser ir al cielo, o quizás no. Pero lo cierto es que una mañana de abril, el teléfono de Gala no sonó para decir un te quiero, sino para dar un adiós.

Bruno sufrió un aparatoso accidente de tráfico, que lo desterró del día y le anocheció por siempre jamás.

Gala no anocheció, pero sus ojos entraron en eclipse total y la conjunción de sus sentimientos se alinearon caóticos y errantes, en la constelación de la fatalidad más absoluta.

 

NOCHE

 

Gala impetuosa, vuelve a despertarse por las bombas que estallan en su corazón. Son las 3 de la madrugada, la guerra no ha terminado y aun se vaticina larga y tediosa. En un intento de encontrar oxígeno, Gala vuelve a aferrarse a la foto de Bruno. Él la mira artificial e impasible, y ni tan siquiera las lágrimas que derrama sobre su retrato, consiguen hacerle regresar. Gala se toca cabeza, cuerpo y extremidades, intentando encontrar caricias, justificaciones, o un ápice de vida. Pero solo encuentra realidad.

A pesar de la estridencia de las sirenas antiaéreas, Gala se rindió a la madrugada y con el alma partida terminó por dormirse, sin esperar águilas de terror.

 

EL FANTASMA

 

Bruno en forma de fantasma con sábana blanca, pululaba por las estancias en la misma casa donde ahora muerto, antes vivía. Atemporal, etéreo y casi gaseoso, levitaba sigiloso e invisible y siempre cerca de una Gala, que le rebatía con pastillas y rezos al vacío. El fantasma lejos de estereotipos tenebrosos, mostraba fragilidad y en ocasiones solía llorar. Murió tan enamorado de Gala que en lugar de asustar a los niños, quedó encerrado en esa casa y sin posibilidad de escapar.

Los días pasaban y mientras Gala sufría su duelo, el fantasma la observaba y custodiaba sus sueños. Como un centinela sin reino que defender, pero si un amor al que recordar.

 

GALA Y EL FANTASMA

 

La cama se había convertido en el iceberg más absoluto. Gala difusa y serpenteante, se mostraba en posición fetal y afanaba cojines sustituidores de abrazos. Los ansiolíticos y la tristeza usaban su pecho como campo de batalla, intentando cada cual y a su manera, imponer su razón. Solo sonaba el tic tac del reloj sincronizado, los murmullos del mundo tras el cristal y un atronador silencio.

El fantasma la miraba inmóvil desde la otra parte de la cama, hasta que a Gala se le rompía la quietud y al verla llorar desconsoladamente, el fantasma se tumbaba junto a ella acariciándola de imposibilidad.

Fotograma- La cámara enfoca desde el techo el encuadre perfecto de la cama, con Gala inundada de tristeza y el fantasma acariciándola de manera inerte. El encuadre se aleja poco a poco, hasta que la escena termina en el minuto 1:32

SALVADOR

 

Salvador llegó a la vida de Gala, como un cometa que pasa cada mil años.

Gala todavía irradiaba vendaval y granizo, pero aun así, Salvador se quedó prendido de su encantadora naturalidad.

La conoció de una manera cinematográfica, en la cola del supermercado y la casualidad y un bote de tomate cobrado de más, convirtieron a la cajera en celestina fortuita, de una verdadera historia de amor.

Salvador tenía un duro reto por delante, conseguir que Gala confiara en el mundo y desterrar el fantasma que le acechaba.

 

SALVADOR Y GALA

 

Tras el invierno ruso de Gala, la primavera reclamaba su lugar. Gala necesitó vaciarse de tristeza y se rearmó como pudo, exiliándose de la casa rota y aferrándose a Salvador, como una oportunidad para reconectarse con el mundo. Salvador de nombre y salvador de Gala, él fue el arquitecto sin carrera, que reconstruyó las ruinas de Gala y como si de un fortín de arena se tratara, la amuralló con abrazos, pañuelos y sostenibilidad, evitando que las mareas de desaliento, rompieran el dique de la aceptación.

Cuando las ultimas nieves desaparecieron, Gala y Salvador se alojaron en la casa destruida de bombas. Salvador reconstruyó a Gala y Gala reconstruyó su hogar, redecorando pensamientos, pintando una nueva visión y guardando en el desván los recuerdos dislocados.

 

SALVADOR, GALA Y EL FANTASMA

 

La máquina de palomitas amenizaba aquella tarde de Domingo. Gala y Salva se aprendían con sed de adolescentes prematuros y el perro ladraba al cielo presintiendo espectros.

Salva volvía a sentir escalofríos de escarcha, al cruzar de la cocina al salón con el bol de palomitas. El fantasma le enviaba cencelladas de rencor, odiándole por tener la capacidad de besar y por robarle su futuro.

Fotograma– La cámara enfoca desde la televisión al sofá en un encuadre fijo y en penumbra. Gala y Salva ríen a carcajadas viendo una comedia y el perro que está tras el sofá, mira al fantasma pasando de un lado a otro del pasillo, alicaído, llorando y sin rumbo fijo.

 

SALVADOR Y EL FANTASMA

 

Era Lunes y afuera caía una purgadora lluvia. Gala había salido a trabajar y Salva preparaba unos informes de la oficina desde su ordenador portátil.

El fantasma roto de celos, tiraba objetos al suelo para desquiciarle, pero Salvador que era el rey del pragmatismo, achacaba todo a las casualidades infinitas.

Lo máximo golpe que le pudo dar, fue derribar el riel de una cortina que Salva colocó de inmediato. Esta vez le echó la culpa al viento, que ajeno a todo, entraba por la rendija de la ventana.

Y ahí estaban, dos hombres frente a frente, uno muerto y otro ciego.

 

SALVADOR, GALA Y EL FANTASMA

 

La primavera invitaba a contar las flores y darse una vuelta por el estrenado parque. Gala y Salva se prometían un nuevo futuro, sin la benevolencia de los 20, pero con las claúsulas de los 40. Sabían que darse un cheque en blanco, no era la mejor solución para evitar arquitecturas efímeras, así que pactaron que mientras en sus ojos se reflejaran mutuamente, seguirían compartiendo las navidades.

El fantasma mientras tanto, había conseguido salir al exterior. Las cadenas de apego que sentía por Gala, se habían resquebrajado por tanto dolor y poco a poco fue aumentando sus escapadas de la casa, para en lugar de perseguir fantasías, poder conocer a otros fantasmas como él.

 

SALVADOR Y GALA

 

Aquel supermercado fue el lugar donde se descubrieron sus ojos, todo lo demás fue paseos por la ciudad, confesiones abiertas y condescendencia.

La vida siguió su curso “a pesar de”, y el río de Gala fluyó montaña abajo sin importar obstáculos o reveses del corazón. Y cuando su río llego al mar, Gala encontró motivos para seguir viviendo, descubriendo su fortaleza, y entendiendo que al igual que el océano que soñó, su río también estaba formado por agua.

 

SALVADOR

 

No hay nada mas duro, que intentar llenar el corazón de una viuda sentimental y rodeada de médiums incorformistas.

Salvador también lloró lo suyo, porque hacerse hueco en un universo tan grande como el de Gala, le costó Dios y ayuda.

Pero eran tal el amor que sentía por ella, que estaba dispuesto a embarrar sus manos y hacer lo que fuese por compartir su destino.

 

GALA Y EL FANTASMA

 

Una mañana de día festivo, la guerrera Gala entró con su armadura al desván de las cuestas pendientes. Era hora de crear un puente entre Bruno y Salvador, para recomponer su hilo vital y así poder seguir escribiendo su historia.

Tiró recuerdos de nudos en la garganta, apiló cajas y guardó fotografías que dibujan sonrisas. El fantasma había aprendido a mirarla sin llorar, y la observaba como el que mira un atardecer junto al mar, que le emociona, pero que no lo puede tocar.

Coser y remendar caminos, era la única forma de tejer un futuro firme y fuerte.

Mirar atrás para aprender, agradecer y comprender, y de esa manera evolucionar y entender el inconmensurable sentido de la vida.

 

EL FANTASMA

 

El tiempo también corre para los fantasmas y aunque no les salgan arrugas, también cambian como lo hacemos nosotros.

El fantasma tras su etapa “mortus-duelo”, tuvo que aceptar que ya no viviría jamás, que Gala tenía derecho seguir viviendo y que a él solo le quedaba un futuro, en una nueva dimensión.

Porque los fantasmas no andan asustando por diversión, simplemente utilizan todos sus recursos para permanecer entre nosotros y ser recordados.

Un escritor, deja sus libros. Un compositor, deja su música. Todos intentamos dejar algo para perdurar y no ser olvidados.

 

DÍA

 

10 años después, en la casa ya no corrían fantasmas, sino niños que iluminaban cada estancia como luciérnagas de verano.

Gala y Salva, habían construido su reino de vida y habían aprendido a mirar el pasado de una manera terapéutica, apreciativa y liberadora.

Un día Gala entró con Sol y Luna, (las hijas que tuvo con Salva), al desván de las cuentas cerradas. La idea era enseñarles a sus hijas, el valor de los recuerdos asentados como lecciones.

El desván parecía una vieja librería, con su misterio, su contraluz y ese característico olor a viejo.

– Mamá que de cosas, mira hay también juguetes.

– Tened cuidado chicas, no os vayáis a tropezar. Hay cosas que no están colocadas.

– Mamá mira, en esta caja hay fotos tuyas y otro hombre. ¿Es el novio de antes de papá?    – Dijo Luna con desparpajo y risa pícara, mientras buscaba la complicidad de su hermana mayor.

– Sí, fue un novio que tuve.

– ¿Por qué os separasteis?    – Dijo Sol mirando a los ojos de Gala como descubriendo un nuevo mundo.

– Son cosas complicadas, algún día os lo explicaré.

– Mamá mira!!!! Luna se ha convertido en fantasma!!!!

– UUUUUUUUHHHHH UHHHHHHHH

– ¿De donde habrá salido esta sábana con agujeros? No la recuerdo.   – Dijo Gala extrañada y confundida.

– Mamá por favor ¿la podemos subir arriba?

– De eso nada, eso se queda aquí. Los recuerdos son para respetarlos, no para jugar con ellos.

– Joooooooooooo     – Dijeron las niñas con cara de enfado y los brazos cruzados.

– Otro día volvemos, subamos arriba que vuestro padre habrá llegado.

– Mamá mira, hay una nota escrita en el suelo.

Te amaré siempre.

NOCHE, DÍA, SALVADOR, GALA, EL FANTASMA Y EL DESTINO

 

Los 4 pájaros apoyados en la barandilla, representan lo que vemos. La noche, el día, Gala y su nueva compañía.

El cielo representa a lo desconocido, el fantasma, lo que no vemos, pero que sentimos.

Y el quinto pájaro que está volando, es el destino,

que vuela libre y fugaz,

a algún lugar perdido.

 

 

Mi particular homenaje literario, a la película de David Lowery “A Ghost Story”.

     Made with❤️

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